MI
HISTORIA


Vengo de una familia árabe palestina que migró al Perú en búsqueda de construir un futuro. Nací en Lima-Perú y aprendí de mi familia los valores de: compromiso, fortaleza, resiliencia, unión, lealtad, amor y respeto.

Tuve una infancia bastante bendecida, aunque debo decir que crecí con muchos miedos e inseguridades. No fui un niño o adolescente arriesgado en esa etapa de mi vida. Mientras crecía, me daba cuenta de algo: vivíamos pensando mucho en el «qué dirán», comparándonos con otros y teniendo “claro” cómo deberíamos de vivir la vida, según ¡¡no tengo idea quién!!
Recuerdo claramente las palabras: ¡¡QUÉ VA A DECIR LA GENTE!! Créeme, crecer en una colonia árabe tiene sus pros y contras. Sentí que necesitaba cumplir las expectativas de «quién debería ser» para los ojos del mundo entero y accionaba queriendo caerle bien a todos, evitando ser juzgado y viviendo según las «normas» de la sociedad. Eso fue frustrante. ¡No sabía decir que NO! Llevé terapia psicológica por años para aprender a decir NO.
En resumen, no daba un paso si no buscaba aprobación (hasta mis relaciones de pareja pasaban por el escáner ocular de la expectativa de otros).
Tengo muy claro que en los momentos más desafiantes y retantes que nos pone la vida es donde crecemos o decrecemos. A los 23 años un quiebre familiar me dio el primer golpe. Necesité renunciar a mi carrera como arquitecto para hacerme cargo de una fábrica textil quebrada.
Pasaron 10 años de eso, donde aprendí un montón y con el apoyo de muchas personas salimos adelante; sin embargo, sentí que algo faltaba en mi vida, no me sentía libre (a pesar de creer que vivía en libertad), seguía sin creer en mí, no tomaba decisiones arriesgadas, ¡seguía viviendo bajo las expectativas de otros y aún me seguía comparando!
A los 33 años vino una pregunta a mi mente, no me preguntes cómo, pero vino. Esta pregunta hizo que iniciara la búsqueda de algo más grande (que seguir llevando la vida «automática» que tenía). Esa pregunta fue: ¿SI HOY ME MUERO, CÓMO ME IRÍA? ¡Esa fue la pregunta AJÁ que me removió!
Así inicié mi proceso transformacional. Ingresando a un programa de crecimiento personal en el año 2008, comencé a desaprender para aprender, liberándome de creencias que me limitaban, de pensamientos que me ataban. ¡Desperté! Empecé a tomar acción y decidí ser el líder de mi vida y vivir en libertad. Comprendí y verifiqué que esa libertad que tanto buscaba nunca estuvo afuera, siempre estuvo dentro de mí.
Un frase que me caló: PERDERLO TODO, PARA GANARLO TODO. Así tomé decisiones trascendentales, no siempre tuve la venia de todos, pero sentía que, por fin, estaba siendo coherente conmigo y había encontrado un propósito que le dio total sentido y pasión a mi vida: Servir y acompañar a otros en su crecimiento, aprendiendo de cada experiencia y disfrutando el momento. El camino no fue fácil, pero si me preguntas ¿lo harías de nuevo? ¡Te respondería una y mil veces SÍ!
Hoy, 12 años más tarde, estoy viviendo la vida que visualicé para mí desde que aprendí el poder de la declaración, siendo mi palabra, accionando, regalando amor, dando lo mejor de mí, siendo comprometido y declarándome eterno aprendiz de la vida.
He formado mi propia familia, junto a mi esposa, a la que elegí sin pensar en los demás si no siguiendo mi corazón, y a quien elijo todos los días, vamos construyendo en equipo nuestra visión de vida. Tenemos dos hijos de los que aprendemos demasiado, viviendo en prosperidad, comprendiendo que es una consecuencia de lo que damos. Vivo comprometido con mi gran pasión: la transformación personal, ¡Amo lo que hago!
Hoy vivo sintiéndome auténtico, aceptándome y aceptando a los demás. Vivo una vida llena de amor, acción, pasión, riesgo y libertad. Hoy soy un hombre libre, arriesgado y líder de mi propia vida.
Fajre.
